Crónica de una función unipersonal en Panamá
Si alguien se preguntaba cómo convertir una reunión de emergencia de la oposición venezolana en un monólogo de 3 horas, que le pregunten a María Corina Machado, que llegó a Panamá con la humildad característica de quien trae el manual divino de la estrategia política bajo el brazo.
El tema era simple, la Plataforma Unitaria llegó con la idea terrenal, casi ingenua, de jugar con las cartas que hay en la mesa, querían impulsar primero las elecciones regionales, medirse, no desaparecer del mapa, mantener gobernaciones y alcaldías, y evitar quedarse sin piezas en el tablero, estrategia básica de supervivencia política, cosa de mortales.
Pero claro, entró Machado y la mesa se volvió un altar, su postura fue tan rotunda como práctica: “Eso es rendirse”, porque según su lectura geopolítica de alto calibre, aceptar ir a gobernaciones primero es básicamente entregarle la cabeza al chavismo y bajarse los pantalones antes de que suene el pitazo, nada como comparar un proceso electoral con una escena de rendición militar para elevar el debate, así de corta de mente está la unidad.
El argumento central era que si aceptamos regionales primero, mostramos debilidad, y ella, por supuesto, no puede permitirse verse débil, sobre todo cuando ni Estados Unidos la quiere en las 3 fases del plan de Trump, al parecer la política venezolana sigue corriendo en modo Casa Blanca, y ella (María Corina) se quedó fuera del juego.
Mientras tanto, en el mundo real, Delcy Rodríguez está en La India cerrando negocios de la mano de Marco Rubio, para más ironía, pero no te preocupes, eso no amerita un ajuste táctico, mejor seguimos discutiendo si ir a regionales es traición o no, mientras el control territorial y los recursos se mueven en otra liga.
Dos de los presentes no estuvieron de acuerdo con ella, el resto prefirió no pelear en esa trinchera cuando alguien grita “rendición” lo suficientemente fuerte, y así la Unidad Democrática salió de Panamá más unida en el desacuerdo que en cualquier otra cosa.
Un espectáculo impecable, si el objetivo era demostrar que la oposición puede estar en desacuerdo hasta consigo misma mientras el otro lado avanza, misión cumplida, bravo por el liderazgo simbólico, lástima que los cargos de las gobernaciones no se ganan con simbología.
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